A Cristiano Ronaldo no le gustó en lo más mínimo el cambio ordenado por el director técnico del Manchester United, Alex Ferguson, cuando faltaba casi media hora para que terminara el encuentro en el que se impuso por 2 a 0 al City.
Su gesto de total enojo sentado en el banco de suplentes fue por demás elocuente.
Su egocentrismo se había evidenciado minutos antes, cuando el entrenador se le acercó y le indicó que iba a ser reemplazado.
Desde entonces, los minutos inmediatos fueron una continuidad de gestos de fastidio dignos de un chico de 8 años.
La
salida de Ronaldo era algo a esperar, puesto que el director técnico
quiere preservar, más cuando la victoria estaba asegurada, a sus
jugadores para que lleguen de la mejor manera al encuentro decisivo del
27 de mayo, ante Barcelona, por la final de la Champions.
"Él
quería seguir jugando, así de sencillo, pero ya hizo un gran esfuerzo
ante el Arsenal y debemos centrarnos en lo que nos queda por delante", fue lo que dijo Ferguson al referirse al tema.
Cuando salió, Ronaldo rechazó el abrigo que le dio un utilero e hizo como si no escuchara la ovación que le hacía el estadio.
"Negaba
con la cabeza, cerraba los ojos, escenificaba lo que algunos entienden
como su definitivo distanciamiento con el entrenador que en 2003
decidió pagar 18 millones de euros al Sporting de Lisboa", graficó el diario español As.
Cada vez más enojado, Ronaldo se fue a las duchas y abandonó el estadio antes de que el encuentro llegase a su fin. |