La incertidumbre electoral devora a Néstor Kirchner. Mientras se
recupera de un sintomático cólico renal, anota sus obsesiones en el
gran cuaderno Arte, de espiral: "Las computadoras te las toma
cualquiera. En cambio, de acá no se escapa nada", dice, clavando el
dedo en la tapa azul. Y aconseja: "Hay que escribir con letra chica,
así la gente con la que hablás no se entera de lo que estás pensando".
La lista de Néstor, como la conocen en su círculo íntimo, es cada
vez más larga. Como si el poder no fuera a abandonarlo nunca. Aunque
comienza con una preocupación sospechosa: la Plaza de Mayo. El Gobierno
convocó a sus militantes para ocupar ese lugar simbólico el próximo
domingo. El encargado del operativo es el médico Donato Spaccavento,
quien se reporta al secretario general de la Presidencia, Oscar
Parrilli.
Estos funcionarios no organizan un festejo. Si hubiera lugar para
eso, sería en el hotel Intercontinental, donde el kirchnerismo pasará
la noche de las elecciones, como siempre. El control de la plaza, en
cambio, es defensivo. En Olivos temen para el 28 una movilización
cacerolera. Creen que para eso no haría falta una derrota de Kirchner.
Para instalar la idea de un fraude, a los adversarios les alcanzaría
con un resultado ajustado. La mala imagen del candidato en los sectores
medios es tan alta que una victoria pequeña podría ser vista como una
victoria dudosa. La globalización agrega lo suyo: ahora el entorno del
matrimonio exagera su angustia con las imágenes que llegan desde Irán.
Es el problema de mirar mucha televisión.
La lista de Néstor no contiene, por supuesto, una
estrategia. Es el inventario de sus rivalidades y sus miedos. Se inicia
con varios intendentes del conurbano, que lo ven perdiendo en sus
comunas. O ganando por muy poco, como detectó Alberto Balestrini en su
feudo, La Matanza: "Estamos arriba, pero por sólo 10%", le dijo días
atrás a otro legislador, en La Plata. Varios de estos caudillejos piden
en lo de Francisco de Narváez boletas ya cortadas para combinar con sus
listas de concejales. Se las envían de a cientos de miles, a domicilios
casi clandestinos. Cuando las reciben, dudan en repartirlas. Temen que
Kirchner gane, detecte la traición y los someta a la asfixia fiscal.
Junto con los intendentes de poca fe, en el cuaderno espiralado están los medios de comunicación. Kirchner descuenta que Clarín
perderá la licitación privada por la venta del 50% de Telecom Italia en
Telecom, que quedaría -está seguro- en manos de Eduardo Eurnekian y
Ernesto Gutiérrez, asociados a los Werthein. No es que tenga la bola de
cristal, sino que la operación depende de un dictamen de la Comisión
Nacional de Defensa de la Competencia, que domina Guillermo Moreno. En
el renglón siguiente aparece una sola palabra: "Telefé". En Olivos no
se resignaron a que Telefónica rechazara una oferta del ahorrativo Rudi
Ulloa e insisten en tener ese canal, "para hacerle fuerza al 13". No es
la única empresa en la que están pensando.
En la lista hay desvelos menos previsibles. Por ejemplo, una
embestida sobre jueces federales de la Capital Federal, encabezados por
María Servini de Cubría y Ariel Lijo. Más que el salto de calidad
institucional prometido por Cristina Kirchner es, en realidad, una
ruptura de viejas complicidades.
Casi junto a los jueces aparece un subalterno: Roberto Baratta. Es
el segundo de Julio De Vido, que en esta campaña reemplazó al ministro
como recaudador entre algunas empresas reguladas. Por lo que anotó en
su cuaderno, Kirchner espera precisiones sobre esa tarea.
Más abajo, otra sorpresa: Scioli. Por un lado, el secretario general
de la Gobernación, José Scioli, promete dejar a su hermano Daniel por
su sometimiento a Kirchner. Por otro, Kirchner puso en observación al
gobernador al detectar alguna autonomía. Le reprocha, por ejemplo, un
contacto con un integrante de la Comisión de Enlace agropecuaria, la
última semana de mayo, después de que lo agredieron en Lobería. Aunque
a Kirchner le molestan más los intercambios con Eduardo Duhalde. El
enojo incluye a Eduardo Camaño, ministro de Gobierno de la provincia.
Alberto Pérez, el jefe de Gabinete bonaerense, también está en
cuarentena por sus conversaciones sobre las presidenciales de 2011 con
otros gobernadores. Con Carlos Reutemann habla el propio Scioli: le
ofreció, a través de un amigo común, una interna abierta. Respuesta:
"Ni loco". Siempre locuaz Reutemann.
Por si Scioli quiere volar, en la Casa Rosada alientan una versión
maliciosa: "Néstor estaría pensando en que Daniel asuma su diputación.
Así evitaría un escándalo y les taparía la boca a los que criticaron
las candidaturas testimoniales". Más que una ocurrencia, es un plan:
Balestrini debería reconstruir, desde una gobernación "peronizada", las
relaciones con el PJ disidente.
La lista de Néstor todavía no contiene la explosión fiscal
de algunas provincias ni el durísimo conflicto petrolero de la
Patagonia ni la captura del Ministerio de Salud por Hugo Moyano y el
bonaerense Claudio Zin. Los apuntes terminan, por ahora, en De Narváez.
Kirchner se ha jurado demostrar que su embestida judicial puede haber
sido impúdica, pero no caprichosa: "Al revés de lo que se piensa, al
Colorado lo salva estar en campaña. Ya van a ver cuando aparezcan los
lazos con Colombia y las cuentas en las islas Cook". Mientras tanto, se
propone capturar a los peronistas que acompañan a su rival.
No le será tan fácil. Es verdad que sólo una victoria puede hoy
reconciliar al duhaldismo con De Narváez. Antes de viajar, Duhalde se
confesó ante un íntimo: "Ya no sé si nos conviene que este muchacho
gane". Duhalde aprendió a ser cauteloso con los productos de su
laboratorio. Eso impide su reencuentro con Kirchner: sus diputados
formarán su propio bloque.
El conflicto con Duhalde fue la condición del ecuatoriano Jaime
Durán Barba para que Mauricio Macri acompañara a De Narváez, sin perder
votos porteños. Rédito marginal: Gabriela Michetti, asociada al verdugo
de Kirchner en la provincia, adquirió un subliminal perfil opositor que
Elisa Carrió no computaba. El costo para De Narváez es la
desmovilización de muchos fiscales peronistas, en especial en Merlo,
Pilar, San Martín y Morón.
La metamorfosis macrista acercó a De Narváez a los sectores medios
y, por lo tanto, a una victoria. Ahora hay intendentes radicales que
promueven el corte de boleta en favor del candidato de Unión Pro. "Es
la única salida para no perder el municipio", se excusan. Pero en la
Coalición Cívica denuncian una maniobra para hundir a Margarita
Stolbizer y sacar a Carrió de la carrera de 2011, en beneficio de Julio
Cobos. "Ricardito Alfonsín se fue a hacer campaña al norte del país y,
en la Capital, el viernes, los radicales hicieron un locro para 3000
personas al que ni nos invitaron." Concluyen: "La foto de Cobos con De
Narváez escondía algo más pesado".
El apoyo de Macri y la defección de los intendentes peronistas con
Kirchner y de los radicales con Carrió podrían dar el triunfo a De
Narváez. Es una posibilidad bastante obvia y, sin embargo, no figura en
la lista de Néstor. |