Parecía que el tiro de Ariel Ortega, por sobre la humanidad de Nicolás Tauber, tenía destino de tribuna, de pasar por arriba del travesaño y no bajar más. Pero el balón empezó a caer y explotó el Monumental. River, en un partido de resultado cambiante, logró vencer al sólido Chacarita por 4 a 3 y logró una brisa de aire fresco para el ciclo de Nestor Gorosito.
El primer tiempo empezó con un golazo de Diego Buonanotte, a los 5. Un tiro libre desde la derecha del ataque local se coló en el ángulo defendido por Tauber, que no pudo hacer demasiado. Al minuto reaccionó Chacarita y avisó. Con Alustiza como único delantero, la visita apostó al pelotazo y a salir de contra, algo que le dio rédito para sorprender a un River impreciso.
A los 18 probó el Enano desde media distancia, pero eran sólo buenas intenciones, sin peligro. Un rato antes había intentado Barrado.
A los 22, un pelotazo desde mitad de cancha, sobró al defensor millonario Maximiliano Coronel y Matías Alustiza aprovechó para definir fuerte al segundo palo. El solitario atacante del conjunto de San Martín empató el cotejo y mostró las falencias de la defensa local.
En otra pelota parada, a los 32, Gustavo Cabral se golpeó el pecho y festejó ante la popular local tras un cabezazo en el punto del penal que volvió a poner a River arriba en el marcador. Era el 2 a 1, luego de un corner que llegó desde la derecha.
En Núñez casi festejan otro tanto, tres minutos después. Un pase con la cabeza de Echeverría a Tauber, estuvo cerca de transformarse en gol en contra, pero pasó cerca del palo.
Con Ortega, Gallardo y Buonanotte desconectados -el tridente que supuestamente debía generar fútbol-, Alustiza volvió a meterse entre los centrales de River y esta vez terminó en penal. Vega lo derribó y el Chavo definió fuerte, a la derecha. Así, marcó el empate antes de marcharse al vestuario.
La segunda mitad regaló más goles para una tarde caliente en el Monumental. Ya sea por las altas temperaturas, como por un ambiente al que le cuesta digerir más derrotas. Y no llegaban buenas noticias para la parcialidad local, porque a los 7, Facundo Parra, tras un tiro libre, cabeceó sin marca y puso un 3 a 2 parcial para alegría de los Funebreros.
Nestor Gorosito metió mano en el banco, y en los pibes del club, y metió a Mauro Díaz (por Villalba) y a Daniel Villalva por un flojo Marcelo Gallardo. Y la joven guardia respondió. Un minuto después de ingresar, a los 23, Keko aprovechó un pase de Ortega por el centro del área y definió gambeteando a Tauber. Se golpeó el pecho, miró a la platea e intentó levantar el ánimo de un River golpeado.
Chaca retrocedió, no encontró huecos para sorprender y Ortega empezó a crecer. Un buen desborde del jujeño no pudo ser conectado por Andrés Ríos y algunas jugadas aisladas de Buonanotte podrían haber aumentado las cifras. Aunque el inquieto Alustiza no dejaba de molestar.
Para el final, cuando el empate convencía a los dos, apareció Ariel Ortega. El Burrito frotó la lámpara y definió, fiel a su estilo, tocando la pelota por encima del arquero rojinegro. Se sacó la camiseta, lo gritó como un chico e hizo estallar a un estadio que pocos minutos antes era pura bronca. Una vez más, tuvo que apagar el incendio en el que vive River. Salvó a un barco que se encontraba al borde del naufragio.
El ingreso de Matías Almeyda , a los 43, quedó para las estadísticas y hasta se anotó una amarilla en su currículum. River mezcló juventud y experiencia y se llevó tres puntos tras una semana complicada. |