“La verdad que no lo entiendo. No es cierto que, si tomás distancia, no podés pagar los salarios. (Juan) Schiaretti lo hizo, y mirá, no pasó nada. Además, supongamos que fuera así. ¿Vos creés que si en La Plata no se pueden pagar los salarios, los reclamos no se van a trasladar directamente a la Rosada?”.
José “Pepe” Scioli, secretario general de la Gobernación de la provincia de Buenos Aires (por ahora), no le encuentra explicación al alineamiento automático de su hermano, el gobernador, con Néstor Kirchner. De más está decir que “Pepe” guarda una relación fraternal de mutuo cariño y respeto con Daniel. Siempre cuidó que sus críticas no debilitaran la autoridad del gobernador, mientras que Daniel avisó en Olivos que no iba a admitir que la jauría mediática del kirchnerismo saliera a despedazar a su hermano ante la opinión pública. Pero las diferencias políticas se agrandan día a día. Pepe se opuso desde el primer minuto a las candidaturas testimoniales. Cree que el tiempo de Kirchner está agotado. Y dice que es un mito que no se pueda gobernar Buenos Aires con mayor autonomía política, sin subordinarse a la Rosada.
Sin embargo, Scioli no es el único gobernador que acepta, sin chistar, el curso de las cosas trazado por los Kirchner. Contra todos los pronósticos, el oficialismo logró sancionar en Diputados, sin cambiar una coma, un proyecto de presupuesto 2010 que convalida el manejo centralizado de la chequera fiscal hasta el final del mandato de Cristina. Como dijo Claudio Lozano, “es evidente que hubo un acuerdo con las provincias, si no era imposible aprobar este presupuesto tal como está”.
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