Alfredo De Angeli se convirtió en un personaje casi cotidiano, de la mano del conflicto entre el Gobierno con el campo. Sus fuertes frases a la vera de las rutas (el célebre "minga nos van a poner de rodillas") lo volvieron conocido para la mayoría. Tanto que hasta tuvo un imitador en el último Gran Hermano de Marcelo Tinelli.
Pero su vida pública empezó un par de años antes, también en la ruta, cuando los vecinos de Gualeguaychú empezaron a reunirse para repudiar, primero el proyecto, luego la construcción y más adelante el funcionamiento de Botnia a orillas del río Uruguay y a pocos kilómetros de sus casas. Allí estaba ya De Angeli. Como un asambleísta más, aunque siempre entre los más ruidosos.
Pocas horas después de conocida la sentencia de la Corte de La Haya, el entrerriano no puede ocultar su enojo. Se le nota a la distancia y aún a través del teléfono que, por momentos pierde la señal. El llamado delanacion.com lo sorprendió en el campo.
"Fue un fallo ambiguo. La Corte dijo que Uruguay violó el tratado [del río Uruguay] pero, a la vez, permite que se siga violando porque no se ordenó la relocalización", consideró el presidente de la Federación Agraria de Gualeguaychú.
Enseguida, se despachó con una comparación polémica. "Lo que hizo La Haya fue como dejar libre a un violador suelto para que siga violando", lanzó.
Por otra parte, cuestionó que la Corte no haya dado por probada la contaminación que, según la demanda argentina, produjo la puesta en marcha de la pastera. Pero también deslizó dudas respecto de la solidez de la postura nacional en este punto.
"Es lamentable que el tema haya quedado afuera. Pero lo que queremos saber es qué pruebas presentó la Argentina como para que La Haya las considerara insuficientes", planteó.
El futuro en la ruta. A la hora de hablar del corte de la ruta 136, ese del que él participó a fines de 2006 cuando el conflicto binacional estaba lejos de las dimensiones que adquirió después, De Angeli no duda. "El corte es una consecuencia de la instalación de Botnia y hay que seguir usándolo como herramienta de presión hasta tener todos los elementos que permitan controlar seriamente la fábrica y clausurarla en el caso de que se detecte que contamina", opinó.
Al frente de esa tarea, el dirigente se imaginó un escenario lejano de la realidad: una comisión "independiente y no partidaria" de la que participen profesionales y asambleístas que además tenga "poder de policía", es decir, facultades para disponer el cierre de la pastera si se reunieran elementos reclamarlo.
La Haya, que es el máximo tribunal de Justicia de las Naciones Unidas, avaló la continuidad de la pastera.
De Angeli sabe que el margen para insistir con el reclamo original es estrecho. Sin embargo, hay algo del fallo que lo llena de orgullo. "Soy un ciudadano más de Gualeguaychú y la lucha que se inició en mi ciudad marca un antes y un después. Ya no va a poder venir cualquier empresa a instalarse para hacer lo que se le dé la gana", afirmó. Por primera vez, la satisfacción se coló en sus palabras. |