China está buscando impulsar al yuan como moneda de intercambio y, a la
vez, aspira a bajar su exposición en dólares. Ya ha hecho otros swaps
como el que
acaba de anunciar con la Argentina, especialmente con economías asiáticas (Indonesia, por caso).
La clave es que no se pueden convertir los yuanes a dólares. Lo que tendrá
el BCRA, entonces, es acceso a yuanes y no a la divisa
norteamericana. Los fondos podrán utilizarse básicamente para pagar
importaciones chinas. En tal sentido, el acuerdo representa, antes que
nada, una línea de crédito con un destino específico y comercial.
La operación, en principio, no genera un aumento en las reservas
internacionales del BCRA, aunque podría tener efectos benéficos. En
principio, lo que se logra es reemplazar los dólares necesarios para
pagar las importaciones que hace el país desde China. En lugar de
buscar dólares para financiar esas compras, se podrá disponer de los
yuanes previstos en el acuerdo (10.200 millones de dólares en tres
años).
Un punto a tener en cuenta. Al realizarse una operación comercial,
se entregarán pesos por los yuanes. Si los chinos no compraran
productos argentinos por la misma magnitud, es probable que decidan
quedarse con los pesos por el lapso que dure el acuerdo.
No es claro, como se ha dicho desde fuentes oficiales, que esta sea
una línea de liquidez de corto plazo que permitiría contar con yuanes
en la posición de reservas.
La paradoja es que si la demanda por dólares continúa como hasta
ahora, la eventual pérdida de reservas en moneda norteamericana podría
"reforzarse" con un aumento neto de los activos externos del Central,
generado por el swap. Una forma de calmar a los inquietos por la
demanda de dólares en tiempos electorales.
|