Los notables crecimientos de bandas armadas, motochorros y arrebatadores en el ámbito de la capital, viene siendo seguido muy de cerca por quienes coordinan el despliegue de los policías a distintos puntos “calientes” de la ciudad.
Estos estudios revelaron datos escalofriantes y significativamente alarmantes, ya que evidentemente falta muchísimo personal y que, obviamente, se debe al desvío de los mismos a cubrir “puestos fijos” de vigilancia en “objetivos” particulares o gubernamentales, tales como las residencias oficiales del Gobernador, sus ministros, jueces y fiscales, así como también por causas penales, tales como amenazas o robos violentos sufridos por algunas personalidades locales.
No por capricho de los jefes policiales, sino por órdenes directas impartidas desde los superiores, desde el Ministerio de Gobierno y Justicia o del propio Poder Judicial.
En toda la provincia hay 6.700 efectivos policiales dentro del cuerpo activo, de los cuales sólo 2.500 prestan servicio en la capital correntina. Este número, se reduce notablemente cuando se lo divide por tres, teniendo en cuenta que son los turnos que deben cubrir, ya que trabajan 24 horas diarias y descansan 48. Desandando los porcentajes, se llega a la conclusión de que para 400 mil correntinos, sólo hay 800 policías que los pueden vigilar diariamente, aunque tampoco todos éstos están destinados a cuidarnos. Sólo 550 policías ocupan las casi 23 comisarías jurisdiccionales y las Unidades Especiales de la fuerza. El resto, el 35% custodia, a funcionarios del Gobierno, jueces y “casos especiales”.
Este dato sólo demuestra que, por día, cada comisaría cuenta con tan sólo 12 efectivos, 15 las jurisdicciones más peligrosas que deben patrullar, recorrer a pié y realizar tareas administrativas en las sedes, un número que a las claras es imposible que brinde un servicio acorde a las exigencias de una ciudad capital como Corrientes.
Los números son tan contundentes como alarmantes, no se trata de los fríos números de las estadísticas. Es la realidad. Está más que claro que los esfuerzos deben redoblarse, pero también queda muy entendido que debe haber políticas de colaboración y cooperación para con la misma Policía que, evidentemente, acepta el desafío de custodiar los bienes y la integridad de los correntinos, pero que está visiblemente desbordada por la falta de personal. Una política que debería ajustarse en lo inmediato, para poder volver a hablar de tranquilidad social y seguridad personal para todos los habitantes de esta bendita tierra guaraní.