En los últimos días, al ya habitual problema de la arena que cae de los camiones se sumó también la tierra que se mueve en la zona a causa de las obras de ampliación de la red de agua potable que se están llevando a cabo en las inmediaciones de la fábrica de tanino, sobre la calle Entre Ríos, y en su intersección con la calle Moreno donde se están realizando importantes excavaciones y movimiento de tierra.
Esta avenida constituye la única vía de acceso al barrio Bernardino Rivadavia donde se encuentra ubicada una arenera por lo que en la zona es constante la circulación de vehículos de gran porte transportando dicho material.
Por lo general, la arena que acarrean los camiones está mojada. Desde su punto de partida -en las proximidades del Puerto Nuevo- donde cargan los acoplados al máximo hasta que llegan a destino, su trayecto queda perfectamente marcado de manos del reguero de arena y agua que se les escurre a los camiones tras su paso.
Esta arena cae sobre la cinta asfáltica y en solo segundos se seca. El calor del sol, el viento y el constante ir y venir de vehículos hace que la arena mojada que cayó sobre la calle comience a volatilizarse y a depositarse a ambas manos de la avenida, quedando el asfalto bajo una densa capa de tierra y arena.
Esta situación no sólo pone en riesgo a los conductores que deben circular con mucha precaución para que sus vehículos no patinen, tanto motos como autos, sino que además, al estar suspendida la arena en el aire, también entorpece la normal visibilidad.
Pero los problemas con la arena que cae de los camiones y que queda en la calle no terminan allí.
Los vecinos de la zona "eternamente" deben convivir con cortinas de tierra que invaden sus hogares y que cubre todo, desde pisos hasta muebles y comida, y sobre todo se vuelve un verdadero dolor de cabeza para los comerciantes de la zona que constantemente tienen que estar limpiando sus locales y mercaderías por la arena y polvo que se deposita sobre ellos.
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