Más de 3.000 personas con capacidades diferentes habitan esta ciudad, una de las que mayor población de estas características concentra en Misiones y, paradójicamente, una de las menos preparadas para albergarlas y atenderlas como corresponde.
La falta de una infraestructura acorde que los incluya como ciudadanos es quizás la principal carencia, ya que las veredas y las calles no están en condiciones para su movilidad y la mayoría de los edificios públicos no cuenta rampas de acceso ni baños especiales para ellos.
Igualmente, la propia sociedad sanvicentina no está preparada para convivir con las personas discapacitadas que la componen.
Otro drama cotidiano que padecen las personas con discapacidad es el transporte público, que más allá de no estar adaptado con las medidas de accesibilidad adecuadas, también pone a veces trabas para el traslado gratuito.
Según los reclamos que reciben en el sector técnico de la Secretaría de Acción Social de la Comuna, en el ámbito local no hay mayores inconvenientes en este sentido porque las empresas que brindan ese servicio no hacen problemas para llevar a las personas discapacitadas. Tampoco hay mayores inconvenientes con los viajes de larga distancia, con la única salvedad de que tienen que solicitar turno con una anticipación de veinte días a un mes. El conflicto se da en los colectivos de media distancia, al punto de que -aseguran- los discapacitados que quieren viajar dentro de Misiones no pueden hacerlo a menos que abonen el pasaje. Al respecto, los choferes y guardas dicen que cumplen órdenes de las administraciones de las empresas y no están autorizados para llevarlos. También dan la excusa de que el “cupo autorizado” para llevar a discapacitados está cubierto, cuando la ley no habilita ninguna restricción en el número de pasajes sin cargo.
Accesibilidad cero
Igualmente, al tope de las dificultades que encuentran los discapacitados en San Vicente sigue estando el desplazamiento cotidiano: las veredas del centro se encuentran eternamente en muy mal estado y debido a esto se ven obligados a desplazarse por la cinta asfáltica. Para colmo, no hay rampas de bajada en las bocacalles.
Además, la mayoría de los edificios públicos no está preparado para personas con problemas motrices. Uno de los casos más recientes es la misma sede municipal, que fue inaugurada hace apenas tres años sin rampa de acceso, que recién fue construida en 2010. De igual manera, sólo se puede llegar a la planta baja y no hasta el subsuelo, donde funcionan varias dependencias. Lo mismo pasa con los demás edificios públicos, tanto municipales como provinciales. Así, las escuelas y colegios no cuentan con baños para personas con problemas de movilidad, pese a que muchos tienen alumnos con muletas o en sillas de ruedas.
Mal de muchos
Según datos proporcionados de forma extraoficial por personal de la Municipalidad sanvicentina, en la Capital de la Madera están registradas más de 3.000 personas discapacitadas, pero se calcula que hay muchos otros casos que no se conocen porque son hijos de colonos que prefieren no dar a conocer su situación ni quieren -o no saben que pueden- recurrir a las autoridades para pedir ayudas o gestionar pensiones.
Entre los casos registrados, los que más abundan son los vinculados con la mielomelingoceles, hidrocefalia, microcefalia y el síndrome de Down, entre otros que muchos atribuyen al uso indiscriminado de agroquímicos en el cultivo del tabaco y otros productos. También hay bastantes casos de discapacidad por herencia genética.
Malas calles
Sin dudas, San Vicente no está preparada para el desplazamiento de las sillas de ruedas. Como ya había reflejado PRIMERA EDICIÓN en junio, las personas con problemas motrices encuentran muchas dificultades para transitar por la ciudad, ya que sólo existen veredas en la zona céntrica y la mayoría está en pésimas condiciones. También aparecen muchos obstáculos, a causa de comercios que exhiben sus productos o colocan mesas sobre la vereda, pero tambiénse taponan hasta con autos mal estacionados. Así, no sólo tienen problemas para desplazarse aquellas personas que andan en sillas de ruedas, sino también las que deben usar muletas, los ancianos y los no videntes.
La situación se agrava en las calles laterales y en las arterias más alejadas del centro, donde no hay veredas, ni empedrados ni asfalto: son casi intransitables hasta para los automóviles.
Las esquinas que tienen rampas para discapacitados son apenas dos o tres en el centro de la ciudad, pero para ellos es mas fácil seguir por la calle, porque si no terminan rompiendo la silla de ruedas.
También encuentran muchas dificultades los ancianos que caminan por el ejido urbano sanvicentino, quienes a menudo tropiezan con las baldosas flojas y sueltas que aparecen a cada paso en las veredas. |