Aunque tengamos la mirada sobre el real, aseguran que todas las monedas se mueven y es difícil el equilibrio en una “guerra de monedas”, donde sugieren mirar más al dólar. Gerardo Alonso Schwarz, jefe de Investigadores de la región NEA del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación Mediterránea, analizó las razones y las consecuencias en esta zona de frontera de la devaluación de la moneda brasileña. Las razones económicas y políticas que llevaron a Dilma Rousseff a tomar una decisión cargada de presiones que Brasil venía evitando con Lula.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, el economista advirtió sobre el efecto de la inflación en Argentina y sugirió pesificar las políticas económicas (incluidos los acuerdos salariales negociados con la inflación prevista por el Gobierno según el Indec), tras el efecto inflacionario que llevó al vecino país a devaluar el real.
¿Qué señales hay para pensar que Brasil seguirá devaluando?
Me parece que las fuerzas del mercado que están actuando a nivel mundial están haciendo que la devaluación del real continúe en los próximos meses. Me parece que esa devaluación no va a ser tan drástica como lo fue en el último mes. No creo que sea del 18% mensual como tuvimos, no va a ser probable ese escenario porque el Gobierno brasileño va a querer actuar para atenuar esta tendencia.
Si bien considero que va a continuar lentamente la devaluación, creo que no será en el mismo ritmo espectacular que cayó la moneda brasileña. Y en esto actúan varios factores: por un lado los reclamos de los industriales paulistas que están buscando hace más de dos años fortalecer la competitividad de sus productos en el mercado mundial. Por el otro, hay un contexto en el que la economía mundial va a crecer menos de lo proyectado, por los problemas económicos en EEUU y en la Unión Europea. Eso hace que el mercado mundial no sea tan dinámico como se esperaba.
Además, el Gobierno brasileño empezó hace poco más de un año con algunas regulaciones, para hacer más dificultosa la entrada de capitales extranjeros a Brasil porque está generando problemas de competitividad.
¿Si Brasil no devaluaba se caía?
No, pero iba a tener algunas restricciones al comercio exterior. Yo trato de evitar los escenarios extremos. No se iba a caer. Pero la discusión en Brasil es el sustento del modelo económico.
Un ejemplo se da cuando Brasil habla que de está preocupado por la inflación cuando tienen un 7,5% anual, están buscando (a pesar de crecer menos que Argentina) crecer a largo plazo, con tasas tal vez no tan altas pero constantes por muchos años, ya que eso genera -según la experiencia mundial muchos años de crecimiento y movilidad social que está necesitando Brasil.
¿Por qué le pasa a Dilma y no le pasó a Lula tener que devaluar?
Me parece que hubo un mix de cosas. Por un lado, las circunstancias económicas mundiales son un tema que no maneja un gobierno en particular. Más allá de eso, el liderazgo y el protagonismo clarísimos que tenía Lula a nivel mundial (lo convocaban como disertante tanto al Foro Económico Mundial como al Foro de Porto Alegre que es el foro antiglobalización); no lo tiene Dilma o al menos aún no lo pudo expresar. Hasta el momento no se lo vio.
¿Qué debe hacer Argentina ante la continuidad de la devaluación?
A nosotros nos obliga a trabajar necesariamente en dos frentes. Porque el problema de la economía argentina hoy es la inflación medida en dólares. Un ejemplo: si consideramos la inflación oficial de los países del Mercosur incluida la del Indec en ciudad de Buenos Aires (aunque esté cuestionada por todos), nosotros tenemos la inflación más alta del Mercosur: 10.5% contra 6 de Brasil. Incluso considerando ese indicador, tenemos un problema que no tienen los demás, por lo cual debemos trabajar en medir la inflación en dólares.
Hay dos maneras: la manera brasileña mediante la devaluación, lo cual sería difícil para nosotros porque somos “dólar-dependientes” y devaluar un 10% podría crear un círculo vicioso que alimentaría más el circuito devaluatorio. Por lo complejo lo consideramos el menos probable. Sí creemos que, después de las elecciones, se va a ir actualizando muy lentamente, “por goteo” mensual o semanal, el tipo de cambio.
Pero si esa no es la solución, la otra opción es trabajar la inflación en pesos. Significa una serie de políticas fiscales. Implica, por ejemplo, que la emisión monetaria no esté en los niveles de crecimiento actuales del 30%, que el gasto público no crezca el 35 como ahora. Sino que crezca al 18% que figura en el presupuesto nacional. Y también significaría que los acuerdos salariales no se ajusten por la inflación pasada sino por la inflación esperada a futuro.
Obviamente no se va a poder bajar a niveles del 3, 4 o 5% de inflación de un mes a otro o de un año a otro. Pero, si actualmente las negociaciones salariales están en el 33% anual porque es la inflación que los sindicatos consideran, lo que debemos lograr es que los sindicatos negocien los incrementos salariales en base a lo que esperamos que suceda. Es muchísimo más complejo porque es de “sintonía fina” lo que se plantea, con una dirección muy clara de más de un año.
¿Cómo afecta la devaluación a la economía argentina?
Nos afecta por dos lados. Por un lado, los productos y servicios brasileños se hacen más baratos para nosotros, por lo cual el consumidor accede a una canasta de bienes importados desde Brasil como ventaja a menores precios.
Pero, a su vez, nuestros productos se encarecen para el principal comprador o uno de nuestros principales mercados que tenemos en el mundo. Se suele mencionar que el auge del comercio exterior argentino de los últimos años y uno de los pilares del modelo económico actual, que es el superávit comercial, está basado en dos elementos: altos precios en las commodities (soja, aceite de soja, etc) básicamente exportados a China e India. Y después el auge de las exportaciones industriales a Brasil.
Si uno de los principales mercados está difícil de acceder por una cuestión de costos, ya que el real se ha devaluado casi el 20%, significa que nuestros productos son un 20% más caros para ellos.
Lo que sucedió con la suspensión de obreros en Argentina, ¿es consecuencia de la devaluación del real?
Ejemplo, los automóviles, ahora para los brasileños son 20% más caros. Obviamente, al aumentar de precio, la demanda es mucho menor porque se compite con otros productos. Ante la menor demanda, menor cantidad de unidades producidas, menor cantidad de horas efectivamente trabajadas. En ese sentido, entendemos la decisión de algunas empresas de adelantar las vacaciones de los trabajadores hasta ver qué sucede. O de suspender los tres turnos que tenían y hacerlo con dos turnos. El tema es que nos va a afectar y ya nos está afectando en ventas al vecino país.
Hay localidades de Misiones que han crecido fuertemente como Bernardo de Irigoyen, Puerto Iguazú, Alba Posse. ¿Qué puede suceder en esas localidades a partir de la devaluación?
Primero que vamos a tener que ver cómo se estabiliza, qué sucede en los próximo meses.
En ese orden me parece que el escenario más probable, en el cual las ventajas competitivas que teníamos en la venta de todo producto a Brasil, no va a ser tan clara. Va a seguir habiendo una ventaja, sobre todo en productos donde Argentina tiene diferencias en la calidad. Por ejemplo, el brasileño va a seguir comprando vinos, quesos argentinos por la alta calidad y la muy buena relación precio-calidad que tienen estos productos. Por supuesto que no vamos a ver el auge de la cantidad de personas que veíamos los fines de semana en Posadas consumiendo servicios (de la zona de Pato Branco, Santa Rosa, Ijuí), que venían a comprar ropa, a pasear a la costanera, a comer y quedarse en los hoteles, bueno ahora todos nuestros productos y servicios son un 20% más caros entonces se hacen más difíciles de vender. Esto que es válido para Posadas, lo es para todas las localidades fronterizas. En Iguazú no vamos a ver tanta cantidad de brasileños comiendo o yendo a bailar como lo veíamos. No significa que no los haya, porque la relación precio-calidad mantendrá los estándares, pero ahora debemos competir en otros parámetros, como la calidad. En la zona de Bernardo de Irigoyen, San Javier y Alba Posse no se verá tanta cantidad de brasileños comprando todo tipo de productos. Para que se entienda, es como la devaluación de 2002 en Argentina. Vimos en Posadas que por definición que todos los productos no eran tan baratos en Encarnación.
¿Qué medidas debería sugerir la provincia a la Nación para devolver la mayor competitividad?
Hay varias iniciativas que pueden llegar a ser efectivas. Por ejemplo, hace un tiempo había un proyecto para crear más zonas francas en Misiones. El caso de Iguazú generó un éxito de ventas entre los brasileños en la zona franca. Hay varias iniciativas que pueden ser replicadas, pero la realidad es que el Gobierno provincial tiene pocas herramientas a su alcance para manejar políticas que son nacionales.
¿Es difícil un tratamiento impositivo diferencial?
Es mucho más fácil este tipo de medidas en el país o la Nación que en la provincia, porque la recaudación que tiene la Nación en la provincia es muy pequeña y no genera un impacto muy fuerte con algún tipo de modificación o un costo muy elevado para las finanzas nacionales.
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